jueves, 14 de noviembre de 2013

Salida por la Sierra de Chinchilla (2/10/2013)

    Para comenzar el blog, he decidido escribir una entrada sobre una salida que hicimos recientemente por la Sierra de Chinchilla. El objetivo inicial era documentar los destrozos que causan los ciclistas que como hordas se meten por la Sierra, abriendo nuevos senderos y metiéndose por los pinares y las laderas descontrolados, pero finalmente nos desviamos un poco y estuvimos mirando plantas, insectos, anfibios e incluso algunos reptiles. Por el pinar, los pájaros más fácilmente observables; se oían reclamos de mito (Aegithalos caudatus) y agateador común (Certhia brachydactyla). Además, ya se empezaban a oír en algunas zonas las primeras totovías (Lullula arborea). También oímos un pito real (Picus viridis).
    El primer animal de interés fue una enorme oruga de esfinge de las lechetreznas (Hyles euphorbiae), a punto de empezar a buscar sitio para crisalidar, y esto lo supimos por el gran tamaño de su cuerpo y porque casi se le habían acabado las hojas a la lechetrezna donde reposaba. 
Hyles euphorbiae
     Tras haber observado y fotografiado la enorme oruga, que mediría unos 8 cm, seguimos caminando por un herbazal bastante seco hacia un estanque artificial, en dirección a las barbacoas, donde nos encontramos otro insecto muy interesante y abundante en la Sierra. 
Era una ninfa de empusa o mantis palo (Empusa pennata). Esta especie aparece en la zona Oeste del Mediterráneo y gusta de ambientes secos y soleados. Aquí la encontramos en un herbazal de gramíneas con tomillo (Thymus vulgaris) y zamarrilla (Teucrium capitatum) y algunos cardos (Eryngium campestre). El ejemplar se dejó hacer unas fotos en la mano de Rafa, no sin antes corretear un buen rato por el suelo haciendo bastante difícil su captura. Probablemente se tratase de una hembra, debido a las antenas no plumosas que presentaba. Tras la sesión de fotos, la liberamos justo donde la habíamos encontrado. Si buscáis más información sobre la empusa, podéis entrar al blog de Rafa, donde relata un encuentro con otro ejemplar en el mismo sitio, con localización en el mapa y todo, y más fotos. 
    Justo en ese mismo herbazal, encontramos un excremento de mamífero. Rafa dijo que podría ser de garduña (Martes foina). Desde luego de carnívoro es, aquí dejamos la foto para quien tenga ganas de identificar. 
    Tras el agradable encuentro con la empusa, proseguimos nuestra andadura hacia uno de los estanques artificiales para recogida de aguas que hay por la Sierra, donde decenas si no cientos de renacuajos de sapo corredor (Epidalea calamita) aguantaban intentando soportar la rápida evaporación del agua como podían. No se veían renacuajos de ninguna otra especie.


    Es posible que a estos renacuajos les quedase muy poco, pues los días siguientes a esta salida, el calor hizo de las suyas y es probable que muchos murieran. Estas balsas se comportan como estanques temporales, muy importantes en el desarrollo de diferentes formas de vida en la Península Ibérica.
Sapo corredor (Epidalea calamita) atropellado en el camino justo al lado de las barbacoas.
    Seguimos por el Camino de Santa Fe hasta la Casa del Agua, donde encontramos, en la fuente, una golondrina común (Hirundo rustica) en una situación bastante incómoda: era un ejemplar joven que había caído al agua pero que había encontrado un punto de apoyo en la rampa de metal que entra al agua (probablemente puesta por si cayera algún animal al agua, pero colocada pon poco tino ya que el tamaño de la piscina y la inclinación de la rampa no permite que todo lo que caiga al agua pueda escapar de allí). Intentamos rescatarla pero no pudimos.


     Tras alejarnos de la golondrina y sintiéndonos culpables por no haber podido salvarla, el cielo nos regaló unas luces de atardecer que Rafa pudo inmortalizar en forma de fotografías.


     Se nos hizo de noche bastante lejos de donde teníamos el coche, así que las criaturas de la noche empezaron a aparecer. Primero, una pequeña culebra de escalera (Rhinechis scalaris) que no se dejó hacer foto, y después un sapo corredor adulto, esta vez vivo, bastante activo. Huelga decir que los sapos no son venenosos, ni escupen, ni producen alergias ni muerden. Son totalmente inofensivos y devoran por la noche con avidez insectos, orugas, lombrices y cualquier animalillo que les quepa en la boca que se les ponga por delante.
Sapo corredor (Epidalea calamita)

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